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SUPER / EEUU / 2010
Hay tíos a los que adoro sin saber bien por qué. No es nada sexual, os lo juro, pero James Gunn es uno de ellos. Guionista de la Troma y codirector de uno de sus grandes hits, TROMEO & JULIET (obligatoria, of course), poco después el bueno de Gunn se emancipó para dirigir, ya en solitario y fuera de los caspa-estudios de Kauffman, SLITHER, su peculiar homenaje a... la Troma. Aquella delicia retro-ochentera de babosas mutantes y latex al por mayor marcó figura de estilo, por si no había quedado claro, porque James Gunn es, ante todo, un poco guarro y bastante macarra. Valedor orgulloso de la serie B más casposa, pero sin que sus películas lo sean. SUPER es su peculiar aportación al mundo de los superheroes, amigos. El reverso grasiento y casero de THE AVENGERS. Las peripecias de un pobre diablo perturbado sin ninguna capacidad especial: "ningún poder conlleva ninguna responsabilidad" sería su lema. Injusto que la hayan considerado como una copia chunga de KICK-ASS (pero por ahí van los tiros, claro), ya que ambas pelis se gestaron en paralelo (en 2010), configurando algo así como el cine de superheroes alternativo, el que no es de Marvel ni DC. El problema es que SUPER, por supuesto, sigue inédita en nuestras pantallas, e incluso tiene su tema conseguir una copia decente por ahí (you know). Tipo con muchos amigos, Gunn ha tirado de selecta agenda para todos los secundarios. Comenzamos con las delirantes apariciones de Nathan Fillion (FIREFLY) como el superhéroe ultracatólico (je!), una encantadora y supervitaminada Ellen Paige (como siempre), que bien podría ser la hermana gemela de JUNO; un Kevin Bacon desatadísimo de mafiosillo de medio pelo, y la recuperada Liv Tayler, como el amor perdido (y yonqui) de nuestro protagonista: Rainn Wilson. Este tipo, una de esas caras que te suenan pero no acabas de ubicar, compone un personaje patético (en el buen sentido), un auténtico antihéroe que rebosa anticarisma por los cuatro costados. Difícil siquiera empatizar con semejante personaje al principio, difícil de tragar que semejante maromo haya enamorado a Liv Tayler, pero Gunn y Wilson se las ingenian para que, por momentos, la carga dramática (o emocional, mejor dicho) de su esperpento gane enteros y consiga remover el estómago. De verdad. Consiguen colar toda esta fiesta y desparramo dentro de una comedia romántica que, en algunos momentos, acaricia el drama. Bien hecho. Pero que nadie se alarme. SUPER es lo que es: una comedia negrísima con un extraño tono. De esas en la que unos enviados de Dios con formas tentaculares te hacen una trepanación creaneal para que el Todopoderoso toque tu cerebro con su gracia divina. Esto es bastante literal, a los 20 minutos de película. De esas en las que el prota lucha contra el mal abriéndoles la cabeza con una llave inglesa a los que se cuelan en la cola del cine. De esas en las que, a veces, se te congela la risa y cuya resolución deja un poso agridulce. Será una broma, sí, pero de las buenas y con sustancia. De las nuestras.

- Lo mejor: divertida, gamberra, macarra y... ¡emocionante!


- Lo peor: le cuesta unos cuantos minutos encontrar su tono

  CABEZAS


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